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sábado, 19 de diciembre de 2015

LA LLAMADA

“Hay un proyecto que constituye el argumento último y radical de la vida: el de ser alguien determinado, un quien insustituible que nos sentimos llamados a ser. Ese proyecto es más o menos explícito y articulado, se va descubriendo, a veces trabajosamente y con extraordinaria lentitud, en otras ocasiones súbitamente y como una revelación, que puede ser deslumbradora. Es frecuente, y así ocurre en la mayoría de las personas, que ese proyecto sea sumamente vago, apenas una sospecha, un simple barrunto de lo que tendría que ser”. Estas palabras son del filósofo Julián Marías hablando sobre la Vocación. Concepto que muchas veces se nos antoja alejado, o destinado tan sólo para aquellos que verdaderamente sienten la llamada de algo superior a ellos. Sin embargo, como bien dice el filósofo, la Vocación no es más que esa necesidad humana de llegar a ser alguien determinado. Este proyecto no es siempre evidente ni sencillo de alcanzar.

No es evidente porque, salvo en contadas excepciones en las que se nos presentan argumentos extraordinarios o de suma gravedad, identificar aquellas llamadas auténticas se escapa de un juicio poco profundo. Requiere, por tanto, esfuerzo y análisis. A ello contribuye la dificultad en discernir entre llamadas veraces y otras que, aunque próximas a nosotros, no son verdaderas. Éstas últimas son, según Marías, las tentaciones, que “precisamente por esa cercanía inexacta a lo que somos, son eficaces. Imagínese la importancia que tiene la capacidad de distinguir entre esas solicitaciones que se nos van haciendo, que podemos aceptar y seguir o no”. En este sentido considero fundamental trabajar en la formulación de los problemas, primer paso para una toma de decisiones efectiva. En el libro “The everything store”, Brad Stone transcribe las palabras de Jeff Bezos, fundador de Amazon, evocando los días en los que tomó la decisión de abandonar su lujoso apartamento de Nueva York y un puesto altamente remunerado en Wall Street, por embarcarse en la aventura de vender libros por internet, un negocio (el de los libros) en decadencia, en un entorno (el de internet) aun por desarrollar, era 1994: “Cuando estás en medio del problema las pequeñas cosas pueden confundirte. Sabía que si llegaba a los ochenta años nunca me iba a lamentar de haber perdido mi jugoso bonus de aquel año. A esa edad, sin embargo, tengo claro que me hubiera arrepentido de no haber participado en esa cosa llamada Internet y que iba a revolucionar el mundo. Cuando planteé el problema en esos términos, la decisión estaba clara”.

Tampoco se trata de un proyecto fácil de alcanzar. Y no sólo por el trabajo que requiere. Sobra decir que las grandes metas se alcanzan con altas dosis de trabajo, esfuerzo y sacrificio. Añadido a esto habría que mencionar el azar. Estudiando las trayectorias de grandes deportistas y científicos, descubres que muchas de las decisiones fundamentales de sus carreras fueron tomadas por otros. Para esto Julián Marías también nos nutre con sus reflexiones: “La circunstancia es impuesta pero es modificable”. Miguel de Unamuno escribió: “¡Ojalá pusiéramos en subir más alto el ahínco que ponemos en no caer! (…) Pon en tu orden muy alta tu mira, lo más alta que puedas, más alta aun donde tu vista no alcance, donde nuestras vidas paralelas van a encontrarse: apunta a lo inasequible”. La Vocación no es impuesta, pero tampoco soy autor de ella, me es propuesta. Junto al azar, la circunstancia modificable, está la libertad que inevitablemente ejercemos. Marías explica que no tener esto en cuenta aumenta la ansiedad creada por la azarosidad de la vida, porque “la imprevisibilidad prevista y aceptada nos permite un cierto señorío sobre ella”.


La Vocación es una llamada ineludible a la que todos nos enfrentamos. Está en nuestra mano cómo enfrentarnos a ella. Somos libres. No de sentirla y reconocerla, sino de seguirla o no. Julián Marías concluye: “El proyecto más aunténtico no debe ser exclusivista, porque se corre el riesgo de fanatismo y estrechez mental. La vida humana, por ser personal, incluye la realidad y la posibilidad, inseparables”. Y este es, quizá, el lado más apasionante de la Vocación, que podemos unir la realidad de la circunstancia con la irrealidad de nuestros deseos a través de su construcción. Basta con quererlo. Benjamin Zander, en su libro “El arte de la posibilidad” explica el poderoso rol que lo posible puede jugar en nuestra vida. Lectura inspiradora para identificar nuestra Vocación más auténtica y trabajar en su realización.

lunes, 26 de octubre de 2015

Las competencias del voluntario

Mientras avanza el tren que me lleva a Murcia, voy repasando la documentación del proyecto que estamos a punto de lanzar para la Fundación FADE, y me voy entusiasmando cada vez más con la propuesta.

Talante Solidario es una iniciativa para certificar las competencias que desarrollan los voluntarios en las actividades que desempeñan con colectivos desfavorecidos: Niños con problemas socioeducativos, ancianos en soledad, enfermos en hospitales… Estas personas dedican al menos 2 horas a la semana a los distintos servicios que ofrece la Fundación y ponen en juego sus mejores capacidades, se enfrentan a situaciones nuevas y distintas de las que requieren sus estudios, sus trabajos o sus familias, y por eso desarrollan competencias que son muy valiosas para aplicar después en esos ámbitos.

El voluntario presta su tiempo de manera desinteresada, no espera nada a cambio, y busca paliar el sufrimiento o la falta de compañía de quien lo necesita. Pero desde la Gerencia de la Fundación, se pensó que recompensando el esfuerzo de estos voluntarios, a través de un certificado de sus competencias, se conseguiría un reconocimiento más fuerte de la sociedad a su labor y un mayor compromiso de estos colaboradores, repercutiendo en que estén mejor atendidos los beneficiarios del voluntariado.
Voluntarios en la sesión de formación cumplimentando el cuestionario de autoevaluación de competencias
 

El proyecto me motiva, conecte desde el primer momento con la idea, me está brindando la oportunidad de relacionar dos ámbitos que me gustan: el trabajo en consultoría y Recursos Humanos y mi experiencia como voluntaria y coordinadora en una Fundación muy similar en Madrid. Es un proyecto pionero en este campo, pienso que saldrá adelante porque le estamos dando un enfoque muy práctico, aterrizado, concretando desde cómo identificar y definir las competencias que vamos a certificar, al diseño de quien y cuando evalúa, y dotando para cada fase de unas herramientas de evaluación adecuadas, así como dar formación y hacer todo el seguimiento de cada una de las fases.

Un ejemplo de nuestro enfoque práctico y sencillo es que la valoración de las competencias va a estar pivotada sobre los coordinadores, los coordinadores son los voluntarios responsables de gestionar un equipo que atiende un servicio, hemos pensado que fueran ellos porque son los que mantienen el día a día de las actividades y por lo tanto son los que mejor conocen a los voluntarios, por eso son los más idóneos para evaluarlos. El pasado 3 de Octubre pude comprobar la calidad humana de los coordinadores de FADE, compartimos una jornada de formación experiencial en el campo, a través de actividades en equipo aprendieron de primera mano que son las competencias y los comportamientos que identifican a las 10 competencias que la ONG certificará a sus voluntarios: Análisis y resolución de problemas, liderazgo, comunicación interpersonal, flexibilidad, iniciativa, planificación, trabajo en equipo, compromiso, asertividad y empatía.

Os iré contando los avances del proyecto en estos meses, espero que la iniciativa de verdad sirva para que desde todos los ámbitos de la sociedad (Empresas, Organismos oficiales, ONG, medios de comunicación etc) valoremos más la labor de las personas que dan de su tiempo y prestan un servicio a las personas particulares que pasan  situaciones difíciles y a la sociedad en general, llegando a cubrir ámbitos a los que ni los organismos oficiales ni las empresas llegan.
Almudena Gutierrez Merelles