lunes, 9 de septiembre de 2013

LA FALACIA DE LA PLANIFICACIÓN

Septiembre es el mes del año, después de enero, en el que más y mejores planes se hacen. La vuelta de vacaciones nos trae una maleta repleta de buenas intenciones para el nuevo curso escolar. La diferencia entre septiembre y enero es que la gran mayoría de buenos propósitos que nos marcamos sólo duran hasta navidad, mientras que los de enero, con fuerza de voluntad pueden llegar hasta mayo o incluso junio.

Para mí, al menos, se trata de una época en la que se ponen en marcha nuevos proyectos o proyectos parados durante los meses de verano, puesto que la gran mayoría de la gente está de vacaciones. Es, por lo tanto, una época de tensión pero también de ilusión y buenos propósitos. Lo negativo llega cuando todos estos planes e intenciones se van quedando en la cuneta. Esto causa grandes frustraciones en las personas, especialmente en el trabajo. Es, lo que el psicólogo Daniel Gilbert califica como la “Falacia de la Planificación”. Gilbert nos dice que “uno de los errores más comunes que se dan en la predicción de nuestro comportamiento es infravalorar el tiempo que nos lleva completar una tarea concreta”. Y de forma un tanto poética añade: “Parece que sabemos menos del mundo que está dentro de nuestras cabezas que del mundo en el que nuestras cabezas están dentro”.

Hace poco me contaba un amigo que toca en un grupo de música que se habían puesto como objetivo escribir un post en el blog 4 días a la semana, y como son 4 en el grupo, esto implica un post por semana y persona. El problema es que la mayoría de ellos no era consciente de su carga de trabajo (dentro y fuera del grupo) y pronto empezaron a incumplir su promesa. Esto generó frustración que a su vez derivó en el abandono del blog, causando una imagen lamentable de cara al público. Tanto a nivel laboral como a nivel personal, planificamos acciones más o menos concretas en base a unos objetivos marcados: salir a correr todos los días para perder esos kilos ganados en el verano; pasar más tiempo con tus hijos, para que no te vean como a ese extraño señor que viene a casa después de trabajar; o por ejemplo, a nivel laboral, planes de ventas que incluyen un número de visitas extraordinariamente alto para alcanzar ese objetivo de ventas. Todos ellos se convierte en planes poco creíbles, teniendo en cuenta el historial y por la falta de concreción y objetivos alcanzables. Muchas de estas tareas nunca las llegamos a hacer y las que hacemos y terminamos mal o de una manera forzada constantemente nos desalientan para futuros planes o proyectos. El sentimiento de derrota hace que disminuya nuestra preparación para futuros eventos, que trabajemos peor y que no intentemos nuevos retos.

Desde mi punto de vista todo esto tiene que ver con el control que tenemos de nosotros mismos, es decir, con nuestro autocontrol (en inglés self-control). En la medida en la que nos conozcamos, sabremos planificar de una manera más eficiente y el mero hecho de progresar y cumplir planes, como decía en mi último post, ya es un incentivo para seguir trabajando duro. Como diría mi querido profesor de IESE, Philip Moscoso, “hay una buena noticia” y esta es que se puede alcanzar un alto nivel de autocontrol. El profesor de la Universidad Estatal de Florida, Roy F. Baumeister asegura que “el autocontrol opera de forma similar a la fuerza muscular, ambos se debilitan después del esfuerzo, se recuperan con el descanso y se refuerzan con el entrenamiento”

Os animo a que septiembre sea un mes de refuerzo de autocontrol, que os conozcáis mejor, que planifiquéis mejor vuestras cosas y las de los que os rodean en la familia y en la organización, de tal forma que no caigamos en la Falacia de la Planificación y lleguemos a puntos de frustración que nos impidan progresar personal y profesionalmente.

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